Como un amigurumi de carne, un ente llamado Playa Gótica: ensayar el arte de quedarse

Como un amigurumi de carne, un ente llamado Playa Gótica: ensayar el arte de quedarse

por Bárbara Carvacho

Cuando Playa Gótica irrumpió en este pequeño campo llamado música chilena, allá por el 2015, para muchos y muchas fue una peculiar bomba fresca. Entre tantas guitarras con reverb y chorus, la perspectiva y presencia de Fanny León explotaba en compañía de Andrés Pipa Ugarte, Cristóbal Loader y Carlos Fariña. Con solo un disco, que ya casi llega a la década, siguen sintiéndose igual. Frescos, explosivos.

Esta conversación, como la que tuvimos con Chini.png en la anterior entrega de la sección, pasa en Santiago, en Sala Maga. Factores como el tiempo y el desplazamiento para los ensayos son ejes que inevitablemente entran al diálogo. Acá hay ciudades como Los Andes y Quintero involucradas. También se comparte el multioficio de bandas, poder comparar experiencias con otros proyectos, otros compañeros de música. Pero cada grupo tiene sus rituales, anécdotas y bajadas. Playa Gótica tiene muchas bajadas a la playa, por cierto, y muchos rincones donde se ha vivido la rabia y la pena. Senderos de flores y otros de flora marchita en un camino de diez años. Un acto de supervivencia en Chile.

"Ensayamos menos pero más fluido. Para el ensayo de hoy no nos veíamos hace un mes. Y se dio bien. Hemos mejorado. Yo, al menos, siento que he mejorado mucho en las voces. Eso hace que sea todo más espontáneo y que suene bien más rápido, ¿como que estamos más maduros?", parte Fanny en un patio que recibe tímido el verano, con un gallo que canta y genera choque con la experiencia capitalina. "Los años sirven de aprendizaje. Menos mal sirvieron todos estos años para avanzar. Ya son once. Es caleta", le sigue Pipa, batería de la agrupación. 

 

 

El primer día del compañero nuevo

"¿Te acuerdas de tu primer ensayo?" suena como a un ¿te acuerdas de tu primer día de clases? cuando escucho la grabación de la conversación. Podría venir a continuación el recuerdo de algo horrible, un evento traumático lleno de incertidumbres, desafíos, gente nueva. Cuando Playa Gótica estaba en un apogeo de conciertos en Estados Unidos, shows en festivales locales grandes y una impaciencia de fans y periodistas por un segundo disco, anunciaron el fin (o hiatus). En abril de 2025, “Adiós chaufa” encendió el fuego de nuevo. Parece que había más que contar cinco años después y con un nuevo integrante. Aunque en cinco años, todos podemos ser nuevas versiones de nosotros. 

"El mismo día que nos juntamos, después de que acepté el contrato millonario, fuimos a mi casa. Les mostré lo que llevaba ensayado de un par de canciones. Pero no me acuerdo de la primera vez en una sala...", parte Adán Fresard, el actual guitarrista.

–Yo me acuerdo. No teníamos sala fija. Teníamos una sala arrendada. En Lagarto, Lagartija, por ahí. El Adán llegó súper ensayado. Había estudiado en su casa y tenía todo anotado en papelitos que seguro aún tiene– le sigue Fanny, vocalista.

–Otra cosa es con charango en mano– responde el integrante más reciente.

–Y la verdad es que salió bien. No pensamos que iba a ser tan rápido. Creíamos que iban a ser tres ensayos para acoplarnos y pudimos hacer un ensayo de corrido gracias a eso– continúa Fanny.

–Fue urgente porque teníamos un show en Conce, el Surpop en octubre– recuerda el batero.

Un día de agosto, Adán Fresard recibe la invitación. Luego de un par de días de pensarla, dijo que sí, y en septiembre de 2025 vivieron un primer ensayo. Durante un mes, se volcaron a aceitar una máquina conocida, ahora con un nuevo engranaje. "Pasé las Fiestas Patrias tocando Playa Gótica. Eran muchos temas, era un concierto largo". "Y lo dio todo. Sonó de lujo", concuerdan todos.

Hay ensayos que preparan tocatas, otros conciertos enormes. También los hay para armar discos o para recibir compañeros. Lo común: la falta de tiempo. La importancia de no saltárselos.

 

Hay ensayos y ensayos

"Hay poco tiempo y tenemos shows igual. Eso limita hacer temas nuevos, pero en los ratitos que nos van quedando, sacamos algunos como los tres que estamos tocando por estos días, post 'Isla Negra'. Ya hemos hecho cuatro canciones nuevas, que es harto. Cuando entró el Adán, nos motivamos y fue como ya, hagamos un disco de una, pero altiro nos dimos cuenta que no dan los tiempos. ¿De dónde sacamos tiempo para hacer diez temas?”, aterriza la vocalista.

"2025 fue vertiginoso, rápido y acontecido. Están pasando muchas mierdas...", le sigue el guitarrista. "Pero cuando empezó este pololeo fue así: cuando uno empieza lo quiere todo altiro. ¿Cómo no vamos a poder hacer diez canciones? Y en realidad, nuestros propios ritmos nos bajaron a hacer estos cuatro, pero bien. Prepararlos con calma, avanzando al ritmo que se puede", es lo que vislumbra León.

 

 

Y no es menor: "hemos avanzado harto en comparación al pasado. Cuatro temas en un año es mucho más que la medida que estábamos haciendo en el pasado, que fue el EP que hicimos del 2017 al 2023", cuenta Pipa.

–Quizás hay avance en lo logístico.

–En la eficiencia.

–Claro, hacer que la máquina funcione cuando tiene que funcionar– comenta el baterista a Fresard. Están más creativos, se llevan bien, aprovechan ese aspecto para exprimir el escaso recurso llamado tiempo. 

En la vida educacional y académica, la gestión del ocio no es una cátedra, pero se aprende en el camino. Entre presentarse en vivo, montar nuevos tracks y desvivirse por logísticas de supervivencia indie, hay ensayos y ensayos. Hay favoritos.

"A mí me gusta más el ensayo de fin de semana porque hay más tiempo y la atmósfera en la ciudad es distinta. Es más creativo para hacer temas nuevos también", parte el gótico playero más reciente. "Sí, es más entrete cuando empiezan a salir ideas, porque eso de preparar, ensayar, juntarse para sacar un show, ya es como un trámite", suma la eminencia de las percusiones, Ugarte.

A Fanny le gusta Amigurumi. Un debut que bordea el brillo maestro y por el cual el tiempo pasa increíble. Su en vivo lo demuestra. "Tocarlo es muy entretenido. En el in situ, los cincuenta minutos que dura el show, es increíble, pero ensayarlo después de once años a mí ya me parece tedioso. Cuando tenemos ensayos como los de hoy, cuando hay cosas nuevas que probar, para mí son días felices. Aunque sean veinte minutos de cosas nuevas".

"Corporalmente como que uno... No sé, ya está papeado. ¿Memoria muscular? Podís estar muerto, curado, enfermo, haber ensayado una vez y a la rápida, y como que sale, el cuerpo ya se lo sabe, son como parte de uno los temas, ¿o no?", comenta Cristóbal, un espectáculo en sí mismo cada vez que agarra, tira, pierde y recupera el bajo en escena. Lo nuevo invita y estimula. "En vivo incluso ya vamos como improvisando dentro de la misma canción", argumenta el bajista.

Las canciones de Playa Gótica, las contenidas en el debut, en el EP y los lanzamientos más recientes, tienen puentes de trance y coros infinitos que permiten mucho. Tanto en ensayo como en vivo, son recovecos que dejan nuevas vidas a cada track. Una nueva experiencia para cada vez que se les ve en directo. "Se sienten como seres vivos y con eso uno no se aburre", en palabras de Ugarte.

 

 

"Antes tocábamos más con la CPD, que estaba buena. Eso nos limitaba a los tiempos de cada canción. Ahora que volvimos, y la CPD está mala, coincide con que buscamos más la libertad para disfrutar esa improvisación. El tiempo, del que estamos hablando en la vida y en las canciones, ya no es igual. A veces es más rápido, a veces más lento. Unos redobles a la chucha, unos errores... A veces estamos alineados, a veces no y se nota, pero lo pasamos bien. Nunca es un ensayo en vivo, pero sí se mantiene esa energía yo creo. Queremos volver a eso", desmembra Fanny, porque todavía hay crudeza y punk, ¿no? "Sí, todavía hay punk", confirma Loader.

El más punk, al menos en la performance. "Cuando tocamos en Fauna, corté una cuerda y claramente no andaba con otro bajo, ni con más cuerdas, nada. Después de nosotros tocaba Warpaint, que tenían una colección de instrumentos, con un gringo que estaba vigilándolos. En un inglés inventado le dije hueón, por favor, se me cortó una cuerda, préstame algo, te lo suplico. Y él no, me van a matar, esta es mi pega, me matan. No me quiso prestar el bajo. Estábamos por salir, me estaban esperando. Y uno tiene treinta minutos para tocar y era. Él insistía que si me pasaba un bajo le cortaban la raja. En una, el hueón se dio vuelta, yo agarré un bajo y salí corriendo". Si el gringo habrá perdido el trabajo o no, no sabemos pero lo dudamos. Playa Gótica tocó y aprendió lecciones: “andar con cuerdas, evitar ranazos”. Darle dignidad al integrante más importante.

 

El quinto integrante: la banda misma, Playa Gótica

Los cuatro góticos playeros tienen otras agrupaciones, proyectos en solitario o colaboran en aventuras musicales extras. Pero esta entidad pareciera tener algo especial, por algo vuelven magnéticamente. Para Cristóbal, Playa es fluido y todos tienen claro qué hacer. 

Una sensación que Adán comparte y compara con la Fórmula 1. "Llegamos y todo se siente andando, pro, y eso mantiene un nivel sano en lo musical y en lo mental". Pipa lo atribuye a la libertad creativa; en su experiencia, acá hay más. "Hay bandas a las que llegas y te dicen qué hay que hacer, cuál es tu parte y listo, sobre todo en la batería". "La postura acá es democrática", según Fanny. "¿O hay tantos golpes de estado simultáneos que parece una democracia?", le responde Adán. No son peleadores, eso sí es un consenso

"No nos pichuleamos entre nosotros. Acá somos propositivos y positivos. Tal vez en el pasado tuvimos una postura más cercana al ay, está mala la hueá y nos fuimos a la mierda. Ahora se da más natural, entonces quizás es verdad que hay más golpes de estado, eso del a mí me gusta esto y esto no, pero déjenme poner eso que sí. Es cierto lo de la Fórmula 1, la máquina ya se siente andando… Es que Playa igual es un quinto integrante. No podemos hacer algo que no es tan playístico. Hay una identidad espiritual que se refleja en el en vivo. Incluso si llegamos a hacer un metal, vamos a tener partes vocales distintivas, coros característicos. Esas cosas van a ocurrir porque hay dinámicas que ya son nuestras, no podemos escapar de eso. Está ese yugo pop, ese Frankenstein que trabajamos por muchos años en los ensayos cuando nos juntábamos a posponer el ensayo [risas]. Ya tenemos la histeria de la tocata, el agote de lo administrativo, los Excels... La dinámica tomó su forma, vida propia y ahora es un ser con nombre y apellido". 

Porque hay un baterista icónico con una potencia increíble, un bajista performático con toda la tradición del rock que amamos, un guitarrista muy aplicado que sube a escena con una Telecaster adornada con una pegatina de CHC que fue alguna vez de Jorge González, y una compositora y cantante que podría dejarte mudo y sin peluca con su pasión. Pero todos, en su conjunto, hacen algo diferenciador. ¿O es un alguien? Es una energía que hasta despersonaliza sus personalidades, una versión que no viene a los ensayos, que sale solo cuando nosotros, la fanaticada, está del otro lado. Acá, en la sala, los demonios divertidos y ángeles peligrosos, están guardados. Aunque tampoco es como si los pudieran controlar. Es Playa Gótica como ente quien elige cuándo salen.

"Ni siquiera lo pensamos. Hay bandas que se abrazan y se tiran mierda, mierda, mierda, y nosotros somos como ya, apúrate culiao, hay que salir. No sé si es bueno o malo, pero si lo pensáramos mucho no saldría así. No lo podemos controlar ni ensayar. Se vería forzado, feo", cuenta el bajista. "Yo soy más nuevo, vi que no había una arenga ni nada, bacán po. Llegan así, con la mano rota, un pulmón colgando y hacen un show increíble. Los hueones buenos", agrega Fresard. 

 

 

Playa Gótica aprende, envejece y suelta

¿Qué extrañan de esa primera etapa que convierte a Playa Gótica en lo que es hoy? "Mi juventud", es lo primero que salta en Cristóbal al responder. Fanny se sorprende, pero él argumenta que se trata de algo más allá de lo físico, es el espíritu de la juventud y la comunidad.

"La juventud de Playa Gótica quizás. Era una banda nueva. Aparecía más. Nos invitaban a eventos raros. O quizás es porque éramos más chicos nomás. Después del ensayo, en ese tiempo en San Isidro, siempre terminábamos en mi casa o en la casa del guitarrista, todo era más adolescente".

Fanny no extraña nada. "Las cosas se dieron como se tenían que dar. Yo era muy chica. Para mí era al revés. Tenía que viajar a El Bosque, tomar micro, metro, me perdía. No había ni sabía tanto de la tecnología. Era más pueblerina que chica, y encima periférica. Me acuerdo que una vez, el Cristóbal me regaló una daga que tenía para que llegara bien, porque me fui para la casa a la una de la mañana. Cada show o ensayo era un ¿será que voy a morir hoy día? Era entretenido carretear, pero después era brígido. El romance de pensar que iba a vivir de esto no dura para siempre. Ahora me calmé con esa idea y vuelvo a encontrarlo bonito. Expresarme a través de la música con goce, ver el arte como algo que se mantenga en el tiempo, que no se estanque, que salga del nicho. Siento que Playa Gótica sigue teniendo oportunidades, no están cerradas las puertas, yo volví a estar cómoda conmigo y le agradezco mucho a la banda porque me ayudó a crecer. Desde el ensayo, desde la daga, desde la anécdota del bajo en Fauna, la llegada de Adán, dormir con el Pipa en Conce que tiene mejor olorcito que el otro par, ser más ruda y aleonada a la fuerza. Lo que soy hoy es influencia de este ente. Hay que darle a las cosas que uno disfruta, pero también hay que dejar ir".

Playa ente les ha dado y quitado. Buenos chistes, amigos, angustias por responsabilidades relacionadas a la música, viajes. "Le sacamos la ansiedad, un poco al menos. La ansiedad de no encajar, por ejemplo. Ahora queremos hacer lo que nos gusta, lo que nos sale de verdad y de corazón. No pensando en una escena o en gente. Nos pasó hace poco, para el primer concierto del Adán, el Surpop en Conce. Antes de nosotros tocaba Niños del Cerro, que lleva su gente y todo. Y uno ahí no le gustamos a nadie de esta hueá. Fue estresante, pero en el momento dijimos hueón, hagamos lo que hacemos nosotros, pico, por algo nos invitaron, por algo estamos acá. Si no les gusta filo. A nosotros nos tiene que gustar. Nos desprendimos, nos liberamos de la presión de cómo mantenerse dentro de una ¿escena? supongo", es lo que saca en limpio el bajista.

"Antes existía ese estrés arraigado a la logística lineal: si Niños del Cerro tiene veinte mil seguidores y nosotros tenemos seis mil ¿por qué estamos tocando después?, ¿por qué cerramos nosotros? Yo llamé por teléfono y peleaba pidiendo que, por favor, no nos tiraran últimos. Siempre fue por un tema logístico de pasajes o algo así, pero sirvió como ejercicio de confianza porque estaba lleno, mucha más gente de la que ha habido en shows propios en Santiago. Empezó a llover y hubo gente que se quedó. Sí, se fueron varios por la lluvia torrencial, pero los trescientos o doscientos que se quedaron bailando y cantando lo dieron todo. Muchos de los prejuicios que tenemos se basan en pensar que tenemos que medirnos en seguidores, en modas, pero hay una fidelización gracias a la pega que hemos hecho en el pasado. A la gente le gusta nuestra música y ahora ¡hasta estamos en memes del indie! [risas]", es la reflexión de León. 

 

Como un deportista sin entrenar o un travesti sin maquillaje

Amigurumi salió hace casi una década, cuando muchos de los creadores de estos memes tenían diez, once, doce años. Debe ser sorpresivo que tu obra, con una década de vida, tenga una vuelta. Pero lo más correcto sería decir que nunca se fue. Tal vez fue de paseo por arboledas, tuvo una pálida con crisis de pánico, pasó una temporada en alguna cabaña del litoral, volvió a algún valle que le vio crecer, se fue del país, llamó a nuevos amigos, se encerró a ver animé. Pero siempre estuvo por aquí, disponible para quien quisiera encontrarle como un ser misterioso que, inevitablemente, saldrá al encuentro cuando las condiciones mentales, musicales y espaciales invoquen. 

Un festival de mujeres, uno de pop, uno indie, uno hardcore, una fiesta electrónica. Tocar con los de veinte, los de treinta, los de cuarenta y cincuenta también. "Playa Gótica es travesti. En todas partes, siempre, hay un travesti. Playa Gótica es esa figura asexual, arrítmica, atemporal. Yo tenía veinti y algo, y los cabros treinta y algo. Yo estaba más cerca del pop, y ellos venían del hardcore. Mi cuerpo se parecía más al de Niños del Cerro que al de ellos. Inevitablemente Playa es la suma de todos y eso lo hace tan raro", dice Fanny.

 

 

No recuerdan si son seis, siete u ocho salas de ensayo por las que ya pasaron. San Isidro, Estación Central, Claudio Gay, otra por República. Abuelitos, un catre, jóvenes sucios, montón de escaleras, un gallo que canta en esta entrevista. La sala que tienen ahora, en 2026, ya no es la misma que usaban cuando tuvimos esta conversación en 2025. Las condiciones materiales, digitales y personales afectan hasta el hastío, hasta el quiebre. Pero no importa cuántas veces tengas que buscar una sala: "el ensayo lo es todo".

"Es que de ahí sale todo. Uno va moldeando la idea que tienes, si le quitas eso me parece absurdo tener una banda", cree Cris. "Si tienes un referente, si quieres sonar como alguien o algo, o superarlo, no se puede no ensayar. Yo de verdad partí cantando con un registro como de tres octavas, ahora puedo cantar desde la voz más grave, la más aguda, y sólo son años de ensayo. Llegué a tener un nódulo, estuve con fonoaudiólogo; es como ser un deportista y hay que cuidarse. ¿Qué es un deportista sin entrenar?", ¿qué sería de Fanny conformándose con el imaginario de éxito en este colegio llamado Chile, allá por 2017, sin el desafío de querer sonar mejor y no destrozarse en el camino?

"Hay que ser un poco obsesivo, ¿se puede dejar la hueá realmente a medias? No creo. Ensayen todo lo que puedan, graben todo: presentaciones, ensayos, maquetas malas, todo", aconseja la cantante. "Escuchar, re-escuchar. Llegar al ensayo con otra idea, pegarle cosas encima, moldear. No ser cabeza dura, pero ser cabeza dura. No importa el resto, que te importe a ti. Llévate tarea para la casa, avanza si se puede. Sí, es obsesionarse", remata Cristóbal.

Bailable, mocheado, pelucón, thrasher. Playero y gótico. Travesti. Un ente que sabe hacer afiches, pegarlos en la calle, también subirlos a internet. Que aprendió a hacer discos que salen en Rolling Stone mientras mueven equipos de una sala a otra. Ente que usa a su favor a cada integrante para convertirse en un instrumento vivo en el en vivo. Como un amigurumi pero de carne. Un tejido sensorial y racional, con algunos diagnósticos que –ahora– toman a su favor para crear. Una mitad mañosa y otra práctica.

Después de muchos veranos, deja de importar que el resto mire raro cuando vas de negro a la playa. Cuando estás más cerca de los cuarenta años, miras con perspectiva al impostor que te sentiste cuando te fue bien a pesar de llevar poco; y el número de seguidores en redes sociales ya no paraliza cuando se trata de cerrar un festival al sur de tu país.

A veces cuesta entender que en la rabia hay baile y viceversa; que los seres enojados son emocionales. Amorosos y afectuosos. O que en la ira existe la ternura. Y que de la ternura puede nacer el caos. Como un amigurumi que se arma por partes, Playa Gótica está compuesto por disidencia, herencia cultural, valles centrales, escenas álgidas y masculinas que se sienten de un país que ya no existe. En la intimidad del ensayo, casi como un bar clandestino, las contraculturas se acoplan para crear armonías únicas. En tiempos de alternativo local lleno de vientos y spoken word, este ente sigue fresco y denso, como ir de negro al mar o comprar flores en invierno. Un ser por el que el tiempo no pasa, sino al revés, Playa Gótica supo pasar, bailando, por él.

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