por Juan Desordenado
Niña Tormenta es el proyecto musical de Tiare Galaz, cantautora nacional y miembro del sello colectivo Uva Robot. Su música se caracteriza por una lírica sencilla que evoca elementos de la cotidianeidad, así como por el uso de instrumentos acústicos como el ukelele y el bombo legüero. A la fecha ha publicado dos álbumes de larga duración: Loza (2017), con el que obtuvo el premio Pulsar 2018 en la categoría Artista Revelación, y Las cosas lento (2023), con los que forjó su identidad artística con canciones honestas y despojadas.
En esta nueva entrega de Itinerarios de Escucha conversamos con la compositora acerca de la figura de Eduardo Mateo (1940-1990), músico, compositor, cantante y guitarrista uruguayo considerado una de las figuras fundamentales de la música popular latinoamericana. Con su idiosincrática fusión de bossa nova, candombe, samba y beat, su obra —tanto en solitario como con El Kinto, banda en la que dio sus primeros pasos— es experimental y al mismo tiempo elemental y cercana. Tras una década bajo distintas búsquedas y agrupaciones, el artista debutó como solista con Mateo solo bien se lame (1972), una obra maestra melancólica y profundamente honesta que conserva intacto su poder de fascinación con cada nueva escucha.
—¿Cómo llegaste a Eduardo Mateo? ¿Recuerdas alguna canción o algún momento particular que te haya abierto la puerta a su música?
—Recuerdo que fue los últimos años que estuve viviendo en Buenos Aires, por ahí por el 2011. El primer disco que escuché fue el Mateo solo bien se lame. Entré por la canción "De nosotros dos". Pasando los años no he dejado de escucharlo hasta hoy. Me caló muy hondo justo en un momento en el que yo empecé a hacer canciones. Me conmovió mucho la libertad y la sencillez de la música de Mateo y la belleza de sus canciones. De a poco he ido adentrándome más a su obra y he escuchado otros proyectos musicales de él, como la banda El Kinto, que es genial, y también un poco lo que fue la escena musical de Montevideo en esa época de fines de los sesenta. Hay un disco que compila varios registros de esa época que se llama Musicasión 4 ½: en él se puede escuchar que esa época fue muy interesante para el arte y la música uruguaya, y las canciones de Mateo destacan. Me emocionó mucho saber que además él organizaba conciertos con sus amigos artistas donde se recitaba poesía y tocaban un poco todos con todos. Era parte de un colectivo artístico muy activo y muy prolífico y en ese disco se puede escuchar algo de ese viaje de amigos un poco delirantes, mezclando cosas, cruzándose, abriendo caminos para explorar. Es bien fascinante e inspirador, para una que también vive ahí siempre intentando activar desde lo colectivo en esta otra época y desde este otro país.
—Con el paso del tiempo, Mateo solo bien se lame se ha convertido en uno de los discos fundamentales de la música latinoamericana. Me llama mucho la atención la sencillez e intimidad que se desprende de la grabación: aunque las composiciones son enrevesadas y rítmicamente complejas, el resultado se siente despojado, crudo e íntimo. ¿Qué lugar ocupa para ti el momento de grabar una canción? ¿Llegas al estudio con la película clara de cómo debiese sonar o dejas espacio para arreglos nuevos que puedan aparecer de manera espontánea durante el proceso?
—Creo que no tengo una sola manera o un método para enfrentar las grabaciones, pero disfruto de dejar espacio para encontrar cosas en el proceso. A mí lo que más me gusta de la música es la posibilidad de encontrar, de descubrir o develar cosas, sonidos. Entonces, en general, si bien a veces voy con ideas más claras, siempre aparece algo mientras estoy grabando. En especial al grabar voces; lo que más disfruto es ir armonizando o inventando capas de voces. También me pasa un poco con los arreglos, muchas veces se me ocurren cosas en el momento de grabar y aprovecho de registrar eso ahí mientras va apareciendo.
—A propósito de ese despojo, encuentro un notorio paralelo con tu propia música. Muchas de tus canciones consiguen provocar un impacto emocional muy profundo trabajando con pocos elementos, casi de manera sustractiva. ¿La austeridad sonora forma parte consciente de tu forma de componer o es simplemente la manera en que las canciones han ido encontrando su forma? ¿Te imaginas en el futuro trabajando con arreglos más densos, recargados o paisajes sonoros más barrocos, por así decirlo?
—Yo creo que busco esa austeridad. En general, cuando estoy escuchando mezclas o grabaciones, siempre pienso en limpiar, en desechar, en lo que sobra. Me gusta grabar igual; cuando estoy en eso grabo un montón y luego el trabajo para mí es limpiar, limpiar, abrir espacio, hasta encontrar lo que la canción necesita, ojalá no más que eso. Para mí se trata de encontrar ese punto de limpieza y de espacio de sonido para que la canción se sostenga liviana. Siento que las canciones muchas veces no necesitan tanto y lo que más me importa es que el mensaje o la emoción se transmita más directamente, entonces mi búsqueda de sonido no va tanto por el lado de recargar y, cuando algo mío me suena así, me incomoda un poco. Generalmente, si algo me incomoda, es que tiene cosas que le sobran; el ejercicio va hacia el descarte más que al adorno.

Mateo solo bien se lame (1972)
—Otro aspecto que siempre me ha impresionado de Mateo es la honestidad que transmite su voz. Incluso cuando las canciones no necesariamente son autobiográficas, da la sensación de estar escuchando al tipo dejando hablar a su corazón. Tu música también me provoca esa sensación, de postales vívidas de recuerdos que casi pueden palparse. Pensando en la escritura de canciones, ¿qué relación tienes con la verdad y la ficción? ¿Has colado alguna mentira en tus canciones?
—Para mí hacer canciones es un ejercicio de conversación; mis canciones son puros pensamientos que voy escribiendo, los olvido y luego los rescato. Incluso las veces que he tenido que hacer música por encargo he recurrido a conectar con algo personal para hilar los relatos. Me cuesta la idea de cantar algo que no siento o que no me ha pasado. Más que mentiras, que creo que no tengo ninguna mentira o ficción colada en las canciones, sí he puesto por ahí algunas ilusiones, cosas que me gustaría que pasen, como "Voy a hacer las cosas lento", que es totalmente una ilusión que a veces logro cumplirme y muchas veces se me escapa, pero me sirve de recordatorio del ritmo propio.
—Si bien Mateo solo bien se lame es un disco bellísimo, dulce y lleno de melodías luminosas, sus letras parecen girar de manera cuasi opresiva en torno a la soledad, el desamor y la pérdida. En muchas de ellas, Mateo está viendo cómo alguien se aleja o intentando que no se vaya. Profunda ternura y profunda soledad. ¿Por qué las canciones tristes resultan tan reconfortantes?
—Yo creo que permiten conectar con eso que muchas veces uno reprime. Conectar con la tristeza, la melancolía o la nostalgia es ir bien adentro, no es cualquier cosa, requiere de una disposición a abrirse y soltar, y creo que hay pocas cosas más reconfortantes que eso: dejar libre una emoción profunda. Cuando una escucha una canción de otra persona que se cruza con un recuerdo o una emoción propia, se siente como un refugio seguro. Es un gran poder que tiene la música y las canciones.
—La huella que dejó Eduardo Mateo es profunda, pero habita un terreno incómodo: sigue siendo un artista de culto, aunque admirado por músicos y compositores, su figura nunca alcanzó la masividad. En un mundo que parece obsesionado con la inmediatez y las modas pasajeras, ¿piensas alguna vez en la idea de dejar un legado? ¿Es algo que te interesa?
—Sí, es bien triste saber que artistas tan increíbles como Mateo no pudieron gozar en vida de un reconocimiento a la altura de su obra, o al menos poder vivir tranquilos dedicándose a crear y tocar. Es una historia que se repite tristemente, en especial por acá en Latinoamérica, que tenemos tantos artistas increíbles pero reconocimientos tan mezquinos. La verdad yo no pienso mucho en términos de legado, me interesa sí hacer música lo más libremente posible de cualquier expectativa. Creo que es lo único que me puedo permitir: hacer la música más honesta que pueda, hacerla con amor, en compañía y rodeada de gente a la que admire y quiera, poner el afecto y la creación en el centro. Para mí, la música es un misterio con el que una se cruza y yo me pongo a disposición de eso, de que ese misterio que es hacer música me atraviese un poco, pero no me siento tan importante por dedicarme a hacer canciones; siento que es un trabajo más cercano a la artesanía, que requiere dedicación y tiempo y algo de visión, pero por sobre todo ponerse a disposición de estar creando, que si bien no es algo fácil me parece algo sencillo. Y respecto a dejar un legado, no es algo que yo estoy esperando como resultado de mi trabajo musical. Lo único que espero es que se me conceda seguir haciendo esto, por el mayor tiempo posible, ojalá para toda la vida y poder cuidar y alimentar esa posibilidad con humildad.
—Para cerrar: ¿qué canción y disco de Eduardo Mateo nos recomendarías?
—Mateo solo bien se lame es el disco clave. Recomiendo escuchar el disco entero, darse ese regalo y compartirlo con más personas. Pero si tuviera que elegir un tema, les diría "Quien te viera", dudo que alguien con corazón en el pecho no se conmueva con esa canción.