Greg Ginn x Rolankay

Greg Ginn x Rolankay

por Juan Desordenado

Rolankay (Chañaral, 1989) es un artista visual e ilustrador chileno. Su trabajo se centra en la pintura y el dibujo, donde la figuración y el uso de colores sólidos cobran un papel fundamental. En estas composiciones, Rolankay explora tensiones e impresiones psicológicas a través de rasgos simbólicos, generando una atmósfera de significados abiertos a múltiples interpretaciones.

En paralelo a su producción artística, se ha desempeñado como docente de Ilustración en el Instituto Arcos, y como director de arte y diseñador editorial para editoriales independientes en Santiago. Actualmente reside en Madrid, aunque en Chile podemos visitar Existen otros mundos, pero están en este, exposición bipersonal junto a José Cori en el MAC Quinta Normal, que puedes visitar hasta el 23 de agosto. El artista también publicó en abril el libro de dibujos Un incendio veloz, a través de Libros Tadeys.

En esta nueva entrega de Itinerarios de Escucha, conversamos acerca de Greg Ginn, controvertido guitarrista, compositor y principal ideólogo de Black Flag, máximos emblemas del hardcore punk y de la música independiente norteamericana. En enero de 1979 la banda debutó con el seminal EP Nervous Breakdown, primer lanzamiento de SST Records, sello fundado por Ginn, cuya influencia sería fundamental para comprender la arremetida del indie rock estadounidense durante la década de los ochenta.

¿Cómo llegaste a Black Flag y, más concretamente, a la figura de Greg Ginn?

Tenía quince años y un amigo me prestó un CD que contenía canciones sueltas de 2 Minutos y discos de NOFX, Lagwagon y Millencolin, bandas que, por alguna razón, sonaban mucho en Chile a comienzos de los 2000. Me gustó, y desde ahí empecé a buscar otras cosas por internet. En algún momento llegué a un blogspot de un norteamericano que subía links de su propia colección de discos. Era una selección enfocada específicamente en el hardcore punk de los ochenta y derivados: Millions of Dead Cops, Minor Threat, SS Decontrol y, entre todo eso, obviamente Black Flag.

En ese momento yo vivía en la absoluta ignorancia y, además, en un pueblo alejado, así que encontrar algo así de interesante fue un verdadero hallazgo. Una de las cosas que más me atraía de estas bandas era que tenían una estilización muy clara en sus imágenes y diseños, y particularmente en Black Flag el trabajo de Raymond Pettibon tenía un magnetismo especial. Hoy es sabido que Pettibon es un artista celebrado, pero en ese entonces para mí era una figura completamente desconocida.

Con el tiempo, y a medida que escuchaba más cosas, el sonido de la guitarra en Black Flag empezó a parecerme cada vez más particular, sobre todo en las canciones más arrítmicas y caóticas, que al mismo tiempo lograban ser atmosféricas. Desde ahí, la figura de Greg Ginn fue tomando relevancia para mí y terminó convirtiéndose en una influencia estética.

La letra de “Police Story” dice: “entiende que peleamos una batalla que no se puede ganar”. Pensando en tu propio recorrido, ¿te resuena esta frase con la experiencia de hacer arte en el Chile actual?

No sé si entiendo bien la pregunta pero probablemente en todos lados el arte se trate, en la práctica, del fracaso o de fracasar. Entiendo que quizá tu pregunta está orientada en que es más difícil hacer cosas en Chile que en países con recursos. Pero para mí lo importante de hacer cosas creativas no estriba en proponer un producto y tener un reconocimiento inmediato que te permite vivir de aquello, sino en el desarrollo de una singularidad que exige la gestión de un tipo de vida que no encaja completamente en las lógicas productivas. Entonces, tener una actitud de rechazo o de incomodidad, es parte del camino.

Greg Ginn terminó fundando SST Records básicamente por necesidad, ante la imposibilidad de encontrar un sello que editara su música. Más que un gesto romántico, parece una respuesta concreta al rechazo. ¿Has vivido momentos en que la negativa o el cierre de puertas se transformaron en un motor para seguir? ¿Crees que esa resiliencia ha incidido o moldeado tu ética de trabajo?

Totalmente. Construir una ética de trabajo es fundamental y tiene que ver con lo que digo arriba. Me gusta la idea de que las cosas no encajen, que tengan un movimiento lento y que constantemente se produzcan nuevos recorridos.

A lo largo de su trayectoria, Black Flag atravesó cambios de formación y giros sonoros importantes, tensionando constantemente su propia identidad. Tomando en cuenta esa inestabilidad, ¿qué significa Black Flag para ti?

Justamente eso es lo que más me llama la atención de Greg Ginn. La primera vez que escuché Damaged lo hice con el orden de las canciones cambiado; descargué el disco así. En ese momento no tenía idea, pero después supe que hay mucha gente que incluso prefiere una distribución distinta del álbum, a pesar de que como propuesta está pensado precisamente para sentirse desordenado y sin estructura.

Por un lado tiene canciones explosivas y muy punk, y por otro temas con un sonido más extraño, crudo y lento. En estos últimos aparecen rasgos de lo que después se llamó sludge o doom, y que probablemente influyó en bandas como Melvins o Cherubs, entre otras. Es un sonido muy interesante porque está lleno de ritmos con cambios abruptos y atmósferas psicológicas muy densas. Da la impresión de que el punk, y todo ese odio adolescente contra el sistema, se transforma en una amenaza claustrofóbica y existencial.

Me impresiona que, con una guitarra, Greg Ginn pueda transmitir tanta inestabilidad y fuerza.

Las portadas de Raymond Pettibon para Black Flag construyen imágenes casi cinematográficas: situaciones sórdidas, escenas en las que algo (probablemente terrible) está a punto de suceder. A mi juicio, hay una cercanía con tu trabajo en esa sugestión de atmósferas inquietantes, de colores vibrantes. Haciendo un ejercicio hipotético, ¿qué pintura o dibujo tuyo imaginas de portada de álbum? ¿Y cómo sería la música que contendría?

De todas maneras, Raymond Pettibon ha sido una influencia importante en mi trabajo gráfico y aunque en un comienzo mi interés era seguir el camino de los ilustradores de portadas de discos, no creo que lo que hago funcione de manera eficiente en ese ámbito. Evidentemente, uno puede usar la imagen de cualquier cosa y asociarla a una canción, pero lograr que una imagen opere realmente como concepto de una canción, o de un álbum completo, es algo muy distinto. Lo he intentado en otros momentos, generalmente con bandas de amigos, pero nunca ha terminado de resultar del todo.

Los conciertos de Black Flag eran espacios de violencia, caos y descontrol, donde todo podía pasar: golpes, insultos, latas de cerveza por todas partes, gritos, confrontación directa con el público y acoso policial. En tu campo, ¿existe algún equivalente a esa energía disruptiva? ¿Crees que la pintura pueda alojar algo “peligroso” o fuera de la ley? ¿Cómo se traduce ese espíritu desobediente de un artista como Ginn en tu forma de crear?

No creo que, literalmente, la pintura tenga esa fuerza disruptiva y peligrosa que puede llegar a tener un concierto de punk —o de cualquier otro género—. Probablemente eso sea un efecto del contexto: la posibilidad de estimular a un grupo de personas en vivo y dentro de una narrativa especialmente propicia para ese tipo de intensidad. Sin embargo, la música también funciona en su formato reproducible y, en ese sentido, se parece más al efecto que puede tener cierto tipo de pintura. Hay cuadros que no solo resultan agradables o bellos, sino también inquietantes, e incluso violentos.

Recomiéndanos una canción y un disco de Black Flag (o de alguno de los proyectos de Greg Ginn).

A pesar de ser lo más conocido, recomendaría escuchar Damaged alterando el orden de las canciones, comenzando por los temas más sludge, como “Damaged I” y “Damaged II”, y desde ahí ir jugando con las formas y asociaciones que vayan surgiendo.

También tiene otro proyecto que me gusta bastante, Gone, donde se percibe muy claramente el protagonismo de la guitarra. De hecho, no hay voz y la guitarra toma ese rol de cierta forma.

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