por Bárbara Carvacho
Entrar en el espacio y tiempo que disponen los artistas para practicar sus obras es algo especial. Se trata menos de atestiguar la euforia de una banda en vivo, porque antes de sonar hay una serie de trámites técnicos y humanos para conectar. Ir a un ensayo es mucho más parecido a entrar en sus cabezas. Y hay pensamientos que suenan muy distinto cuando el ejercicio es individual.
Felipe Zenteno es parte de las filas de Chicarica y malaqh. El primero, un laboratorio de electrónica amistosa de excelente factura. El segundo, un encuentro de programaciones y baterías mucho más experimental. Dos proyectos donde el intercambio con otros es clave: por la interacción en escena, por la composición en colectividad, por la improvisación que se pueda dar. Pero Felipe también habita el arte y el ensayo en soledad. Bajo su nombre de pila –como hizo con su última entrega, Se desvanece–, o bajo alias en pausa como Niteroi.
Esta sala de ensayo es especial porque toma forma en una intimidad. La coordinación es entre él y las máquinas. Sin otros, el universo de la práctica se convierte en un monólogo humano, pero lleno de conversaciones entre cables, sintetizadores, cuerdas, frecuencias e ideas. Sin otros, los desafíos tradicionales de ensayar también suelen cambiar.
Hacerse las ganas (o el secreto de Atom para no postergar)
"El principal desafío, para mí, tiene que ver con hacerse las ganas. Ensayar requiere una energía en particular, donde uno no tiene un compromiso directo con otra gente más que con uno mismo. Pueden pasar días en los que uno dice ya, voy a ensayar hoy, pero en verdad surgen cosas y se deja para mañana", dice el músico, contando que a veces ese mañana tampoco llega.
Lo que hace, entonces, es calcular. Preparar tardes de composición o repaso mirando el calendario, contando los días. Una eficiencia del tiempo honesta con nadie más que él. "Cuando se viene el día que fijé para ensayar, se vuelve obligatorio. Es un plazo que hay que cumplir sí o sí porque van quedando menos horas para la preparación".
¿Qué tanta confianza habría que tener para no practicar tus piezas, por muy solo-tuyas que sean? Zenteno habita dos escenarios: uno donde la organización y la composición toman forma. Otro que es el probar, "donde es como quitarle el polvo a lo que se ha hecho". Entonces, ¿qué es ensayar en su forma más literal cuando es tan personal? “Es prender máquinas, ver cómo están las ideas que ya tenía e imaginar hacia dónde pueden ir”.
Cuando sucede esta conversación, Zenteno se alista para mostrar Se desvanece en nuestra disquería Clubdefans. Una experiencia que ya tuvo lugar en su lanzamiento en Grieta, y hace un par de meses en Ciudad de México. "Además del repaso, hay otros factores. Por ejemplo, la acústica del espacio en el que se presenta”. Un viaje que propone desafíos y oportunidades para mutar, crecer o hacer más sutil un espectáculo que no se cierra a la improvisación, pero que jamás podría ser tan espontáneo como para ver "lo que va pasando".
"No diría que mi forma de tocar es una improvisación completa. Hay un recorrido más o menos establecido. Pero algo que tiene de entretenido un set como Se desvanece es cómo reacciona el sintetizador al lugar físico en el que se presenta. Eso siempre va cambiando un poco. Suena diferente, y como suena diferente, voy viendo qué caminos y posibilidades hay. A veces se improvisa más, otras menos, pero siempre hay una narrativa".
¿Qué es, exactamente, lo que deja en esa zona libre? Al preguntarle, hay una analogía a una caminata. Una donde los senderos son mutables. "Hay pasos más o menos previstos, y si en uno de esos pasos encuentro algo que me gusta, me quedo ahí un rato. Escuchando hacia dónde puedo ir". Porque este viaje tiene un mapa, pero como en las buenas aventuras, los desvíos pueden estar permitidos.

Quizás en vivo no escuchamos una improvisación en todo su significado, pero cuando está solo la historia es otra. Descubrir no es algo que quiera hacer frente a un público o en un contexto más solemne como presentar, pero la exploración sí encuentra lugar al momento de ensayar.
"Ahí sí hay una cuota no menor de improvisación y me gusta. Puedo ir entendiendo más". Entonces, la práctica, aunque sea entre y con él, no es mera cartografía sonora. También es la oportunidad de salir del control, explorar con las señales que entregan sus instrumentos, entenderlos a un nivel de confianza para poder regresar a un lugar ideal, en comodidad. En esa improvisación que se da calendarizada, aparecen los faros a seguir para cuando el paseo se pone difuso.
"Hay días de composición buenos y otros días no llega nada que me guste mucho. Y eso está bien igual. Hace poco estuve leyendo el libro de Atom que sacó Grieta y me quedé con lo que decía sobre la disciplina".
Porque hay días buenos y días no tan buenos respecto a la creatividad, la energía y el ánimo, pero “mantenerse trabajando es una manera de activar lo que, en algún momento, podría aparecer”. Aquí surgen y prosperan sus propios localizadores de esperanza. "Es importante la disciplina que hay en el decir ya, hoy lo hago, porque en verdad no hay nadie más que tú mismo diciendo ok, hoy sí. También te puedes engañar y decir ya, filo, que también pasa. A veces uno no tiene la capacidad emocional para la práctica y se hace necesario tener otros espacios como salir a caminar, despejar la cabeza, tratar de estar en un buen lugar para poder trabajar como me gusta".
Una metodología que tiene mucho de lo que propone Atom y de lo que conversa con pares. "Atom dice que cuando no tienes ganas de ejecutar el ejercicio creativo hay otras tareas mecánicas que se pueden hacer, como ordenar archivos en el computador. Con Merci –Martín Pérez Roa, compañero en Chicarica– hemos hablado sobre esto varias veces: ocupar el tiempo en cosas como diseñar sonidos y guardarlos, que sirvan para echar mano cuando estés más creativo o con energía. Puede ser más administrativo, pero es parte del trabajo y facilita la creatividad que constantemente está pasando. Eso también es parte del proceso".
No parece tan distinto a limpiar la sala de ensayo antes de ponerte a ensayar. Solo que esta es la sala mental. "El quehacer musical tiene mucho que ver con cómo uno está interiormente. En el fondo, igual es parecido a ordenar". Ordenar archivos, secuencias, colores, aunque sea en un lugar cerebral o softwares. Por otro lado, el tiempo de obrar y repetir permite calcular.
"Cuando quedan pocos días para una presentación, voy midiendo. Ir identificando qué pasadas están buenas, dónde puedo parar. Quizás podría dejar de ensayar hasta que llegue el día de la fecha, pero no me pasa mucho. Uno queda atravesado, con ganas de probar cosas y termina diciendo mañana ensayo de nuevo”.
Experimentar no es sinónimo de improvisar
No es sencillo cuando tu arte no es un fonograma con un coro para cantar. Cuando vas a un show de este tipo, hay un margen de engaño donde el público no tiene cómo identificar errores o riesgos. Si un baterista falla en el tiempo, lo notamos. Si un cantante desafina u olvida una palabra, también. Cuando hablamos de música experimental, puede ser que lo anómalo sea parte del viaje que se nos está proponiendo. Solo Felipe sabe cuál es el mapa que va a trazar y por dónde nos va a llevar.
¿Es igual de importante para un proyecto individual el ensayo como lo es para una banda? "Para mí es fundamental. Porque aunque parezca que me puedo ir por las ramas, hay un ejercicio y una práctica para que vaya por donde uno quiere que vaya. El descontrol a veces está bueno, pero siempre es manejado, sino se pierde fácil lo que uno está mostrando. Yo siempre quiero proponer con cierto manejo". Porque cuando estás frente a un sintetizador modular, es muy posible terminar en calles sin salida que, al menos Zenteno, no quiere dejar con respuestas al azar en plena muestra formato live.

"Me sentiría haciendo las cosas mal si llego a una presentación a improvisar, sin ensayar. Hay gente que improvisa a un 100% y eso me parece admirable. Para mí la preparación es vital, sentir que llego con algo y algo a la altura. Hay gente que te va a ver y uno quiere presentar algo lindo para ellos. No quiero que se vayan pensando ¿no preparó nada? Me sentiría un poco mentiroso si llegara a tirar el rollo así nomás. Es algo interno, un proceso mío, pero que prefiero cuidar", asegura.
Es evidente, hay intimidad y un debate muy personal. ¿Cómo se distinguen los distintos ensayos cuando eres el único con el que hay cosas que acordar? "A diferencia de Chicarica o malaqh, ensayar solo es un espacio de mucha observación, de ver cómo me sentí tocando. Después de una pasada del set, mi forma es revisar cómo estuvo. Qué momentos me resultaron más satisfactorios, cuáles no tanto. Hay algo energético también”.
Más allá del espacio del feedback, en esta exploración no tiene que consultar con nadie más que con él. Los consensos son con el sonido. "Últimamente, he estado pensando en que si algo no me gusta, quizás es un tema de ir aceptando de a poco. Antes no me gustaba que hubiera personas que dijeran yo hago música que no me gusta, pero hace un tiempo estoy llegando a cosas que no estoy seguro si me encantan realmente. Y eso está bueno, porque es distinto a lo que siempre he hecho. Justo ahí puede estar el principio de la exploración".
El ensayo tan personal es un sendero repleto de peligros en los que, a veces, solo hay que confiar. ¿Cómo se cree profundamente en algo que no es lo convencional?, ¿cómo se establecen ritmos o ensayos cuando solo eres tú en tu lugar, sin la norma de una sala arrendada, sin agendas varias a coordinar? "Cuando uno está haciendo algo que desea, o cuando uno siente que hay algo dentro que quiere sacar, uno lo sabe. En ese sentido, es importante mantenerlo. Sostener las ganas y la idea a costa de todo. Porque van a haber muchos momentos y conversaciones en que te pregunten ya, pero ¿y qué más?, ¿algo más serio?, ¿qué va a pasar con tu estilo de vida? Creo que ahí es cuando hay que mantener la convicción interna. Sostenerlo lo más que se pueda".
La sala más personal se crea cuando la música se deja mostrar
Sostenerlo hasta que se te permite probar el resultado en diversas salas, cambiando de país, confiando en el mapa que armaste para transitar. A poco tiempo de irse a México, Felipe Zenteno continúa inquieto entre maquetas, grabaciones y organización –de sus varios universos y proyectos–, siempre con un dejo de incertidumbre como su propio modular. Sostener es solo una palabra, pero cuando la práctica es individual, resume todo. Las tardes en las que no hubo ganas, las marcas en calendario que se quisieron postergar, los silencios o sonidos estáticos que devuelve el sintetizador cuando no quiso responder.
En este ensayo todo se trata de dialogar con él antes de llegar a hacerlo con otros. No hay más compañeros que sus instrumentos y máquinas, que de alguna forma el músico logra humanizar. Mediante el ensayo, logra el espacio donde puede pararse a meditar cada decisión o simplemente dejarse llevar. Un lugar físico y mental en el que la música comienza a responder como si tuviese diccionario y muletillas con las que conversar. Un idioma único y especial que el músico disfruta controlar, pero al que sabe darle libertad para aprender y pulir. Ensayos que, además de práctica, son un paseo sensorial; un recorrido antes de presentarlo en sociedad.
Para eso es el ensayo. Para convertir el tocar en escuchar y desde ahí crear. Sin coros para cantar ni errores obvios a identificar, su música exige confianza. Previamente a buscarla en un público, tiene que buscarla en el fuero interno. Una y otra vez, en la sala más única que uno puede habitar: la soledad. "Justo ahí puede estar el principio de la exploración", dijo, y eso define su forma de ensayar, componer y existir en la música. A veces hay cosas que no disfrutas con tanta seguridad, y cuando esa certeza desaparece entra en juego la disposición, la convicción y la disciplina para sostenerlo todo. Hasta que la música se deja mostrar.