por Juan Desordenado
John Peel, Dan Treacy y los Television Personalities, Moe Tucker, Young Marble Giants, The Raincoats, Beat Happening, Kurt Cobain. Una constelación de nombres lanzados aparentemente al azar. ¿Qué tienen en común todos ellos? Una extraña banda surgida a comienzos de los años ochenta, que con una modestia ejemplar terminó por definir lo que significaba ser una joven artista en la gris Inglaterra de la época a punta de canciones de amor, relaciones y empoderamiento personal, anticipando sin querer el twee pop al menos un lustro antes de que el término fuese acuñado. Una huella pequeña pero profunda: bienvenidos al mundo de Marine Girls.
Originarias de Hatfield, Hertfordshire –lugar que décadas más tarde sería catalogado como uno de los más aburridos del mundo–, Marine Girls se formó en 1980 cuando Tracey Thorn y Gina Hartman, amigas de colegio, decidieron armar una banda sin mayores ambiciones, para pasar el rato. Al principio eran Thorn en guitarra y Gina en voz y percusión: una estructura básica que pronto mutaría con la incorporación de Jane Fox en bajo y su hermana menor, Alice Fox, sustituyendo a Gina; eventualmente Thorn comenzaría a cantar. Sin baterista formal, sin formación académica e inspiradas en The Slits, The Raincoats y Young Marble Giants el grupo encontró en la limitación de recursos su identidad.
Guitarras limpias de acordes sencillos, percusiones rudimentarias –golpes de madera que a veces ni siquiera coincidían en tiempo– y voces melancólicas que abrazaban su propia vulnerabilidad al servicio de canciones pequeñas, frágiles y despojadas de todo exceso. Años después, Thorn reflexionaba al respecto: “Solíamos tocar frente a audiencias compuestas mayoritariamente por hombres que venían a ver un concierto de rock y nosotras con una tranquilidad desafiante tocábamos nuestras sentidas canciones sobre los chicos que amábamos o despreciábamos, mezclando en ellas referencias extrañas y absurdas al mar”. Como si las reglas, tanto las del pop más comercial como las del rock más underground, no aplicaran para ellas.
Su primera grabación, el casete A Day by the Sea, fue completamente autogestionada. Se hicieron apenas cincuenta copias, vendidas localmente y a través de un aviso en el NME. Doce canciones grabadas con medios precarios que ya contenían las semillas de todo lo que vendría después. Luego llegarían sus dos álbumes: Beach Party (1981), publicado en CD por Whaam!, el sello de Dan Treacy (Television Personalities) y en casete a través de In Phaze Records (hogar discográfico de los grandiosos Solid Space, de quienes ya hablamos en esta sección), y Lazy Ways (1983), producido por Stuart Moxham, el compositor principal de los influyentes Young Marble Giants. Dos discos que, años más tarde, serían reunidos y reeditados, consolidando su estatus de culto.

La historia de Marine Girls fue fugaz. Dieron pocos shows, editaron un puñado de canciones y se separaron en 1983, tras una tensa presentación en Glasgow. “Probablemente lo más rock and roll que hicimos”, recordaría Thorn: una ruptura en camarines, marcada por la juventud y la fricción inevitable.
Pero el camino no terminaría ahí. Thorn, que ya había debutado en solitario con A Distant Shore, de 1982, conocería en una universidad en Hull a Ben Watt, con quien formaría Everything But the Girl, magistral dúo de sophisti pop que incursionaría en la electrónica alcanzando un éxito a nivel planetario casi quince años más tarde, mientras las hermanas Fox continuarían con Grab Grab The Haddock. Pero el eco de Marine Girls seguiría expandiéndose de forma silenciosa.
Ese eco cruzaría el atlántico a través de Calvin Johnson (Beat Happening, fundador de K Records) hasta llegar a oídos de Kurt Cobain, quien consideraba Beach Party uno de sus discos favoritos. Alguna vez Thorn contó que en una presentación televisiva, Courtney Love, cantante de Hole y viuda de Cobain, se acercó a decirle lo mucho que este admiraba a su grupo y que siempre quiso reversionar “In Love”, una de sus canciones más puras.
En una época en que muchos de sus contemporáneos corrían a comprar sintetizadores y el post-punk más sombrío dominaba el underground, Marine Girls se mantuvo fiel a su propio ethos: jangle pop económico, directo y cien por ciento honesto, en abierta contraposición a una era marcada por el gigantismo y la afectación. Ya sea en 1982 o en 2026 pocos gestos resultan más revolucionarios que cantar sobre fragilidad y ternura.