por Bárbara Carvacho
Inundaremos nos recibe en uno de los amplios salones que dispone el programa de residencias artísticas Espacio Balmaceda Arte Joven. No en su sala, sino una improvisada, en medio de su gira nacional más grande a la fecha que los tiene presentando su segundo álbum, tanquemante. La suya, aunque parezca broma, se inundó.
En la recta final de uno de los inviernos más crudos que hemos visto pasar en años, Francisca Fuenzalida, Vicente Gottreux, Vicente Reyes, Benjamín Aguirre, Javiera Faúndez y Sergio Arciego, se reúnen a practicar canciones con la vista puesta en encontrar el sonido, en descubrir qué banda son. Si antes todo parecía hecho sin querer, parafraseando el título de su primer disco, este año la seriedad del asunto está en la pizarra llena de notas de la pared, en la meticulosa organización de la gira en pleno desarrollo, en la solemnidad sobre escena, pero también en las horas que invierten en pensar qué se es.

Lo que hicieron con querer
"Antes ensayábamos en el living de mi casa. Con muy poco tiempo, una batería horrible y micrófonos comprados en Marketplace. No podíamos tocar fuerte porque era un departamento. Después nos íbamos a hacer un cafecito y veíamos Los Simpson. Era disperso y precario. Cuando llegábamos al escenario la diferencia era enorme, porque pasábamos del living a tocar con retornos, sin haber podido aproximarnos antes al sonido que buscábamos. El cambio actual es gigante", parte Francisca en una retrospectiva que genera nostalgia en quienes ya eran miembros por entonces: el relajo de tomarse tres horas en una sola canción, el espacio para cocinar a una lentitud que una sala pagada no permite, y que otorgaba el tono y la temperatura que fueron necesitando en esa estación.
Desde abril están en BAJ, ensayando dos veces a la semana por casi cuatro horas. Una rigurosidad a la que se suman dos fechas todos los fines de semana de agosto a lo largo de Chile, para cerrar con el lanzamiento oficial del sucesor de Esto lo hice sin querer en Santiago, el 8 de octubre. tanquemante tuvo períodos claros: tomó su tiempo de preparación –donde canciones completas tomaron meses gracias a la complejidad de detalles–, otro gran bloque para llevar eso al en vivo, y ahora están en una bisagra donde la práctica todavía afina y alimenta en pleno ruedo.
En este ensayo pensar un setlist es pensar también en una performance. Cuándo entrar, cuándo se habla, cuándo iluminan. La cantidad de capas, sonidos, arreglos, ruidos y gustos que se dieron en la producción fue sorteada con astucia. “Ahora nos toca encontrarles en la presencia escénica”. Y ya han podido engrasar su show en Concepción, Temuco, Valparaíso y La Serena.

"Es un desafío maravilloso pero cansador. Especialmente hacer calzar todas las cosas, pero con la práctica se van digiriendo fácil", reflexiona Benja en el comedor. "Yo siento que el sonido ya está resuelto. El proceso de grabación fue como un laboratorio sonoro donde nunca nos pusimos límites pensando en el vivo. Lo grabamos y ahora estamos resolviendo cómo funciona. Y va bien, bastante bien", se suma Vicho Gottreux.
Sacrificaron las cuerdas de Alfilera, timbales, ukelele, y se reparten las guitarras y distorsiones. Y a pesar de seguir con la práctica entre fechas, Sergio y Benja confiesan que la adición de elementos no es lo suyo. "Yo soy muy cuadrado musicalmente, me gusta que tengamos de base lo que está en el disco y desde ahí empezar a jugar. Vicho y la Fran son de los personajes más creativos para tirar una línea e improvisar ideas buenísimas", dice Sergio.
Así permiten cambios como en “Sangre viva”, el segundo track que fue grabado con bombo de güero y percusiones orgánicas como panderos, y que en vivo suena full banda con batería y guitarra eléctrica. "Adaptaciones al formato. Al principio, andábamos con el bombo para todos lados y era caótico. Una vez se nos perdió y todo", comenta Jajo.

Esa es la retroalimentación interna; apegarse al estudio, debatir si reducir, aumentar. Que si darle más velocidad o repartir elementos, pero ¿influye el feedback de la audiencia cuando lo tienes en la nuca, tres días atrás y tres días delante entre ensayos? Es la misma Javiera la que tiene un ejercicio Z. Después de cada presentación, mira las historias de Instagram, los videos que la gente comparte. "En el escenario a veces siento que desafiné o que cometí errores, pero al ver los videos y escuchar las opiniones de la gente, me doy cuenta de que en realidad sonó bien. Pero sí me ayuda a corregir detalles objetivos como las entradas de un tema o el tempo".
"Dentro del escenario el sonido cambia mucho por el retorno. Uno puede tener la impresión de que la guitarra sonó muy fuerte o que el saxofón no se escuchó, pero ves los videos de fuera y suena compacto. Hay que aprender a no quedarse con la idea de cómo se escucha adentro", dice Vicente. Todos tienen su forma de ingresar lo vivido en la tarima al tras bambalina. Sergio y el temor de una guitarra fuerte en el retorno, Jajo y el orden del bis dependiendo de la energía del público y el venue que les recibe. Hay algo que es tangible y evidente: en la pared de la sala prestada, hay una pizarra llena de apuntes donde cada canción tiene sus propias anotaciones técnicas. Como repasar materia en el colegio. Juntarse después de clases, pasar al limpio, compartir apuntes y reforzar entre pares. Hacerlo mejor semana tras semana.
Tocar, ensayar, viajar y repetir: encontrando la forma de sonar (y ser) en grupo
De pasar todo el día en el estudio y después irse a carretear, a pasar todo el día en BAJ para luego ir a tocar. "Ahí es donde realmente nace el cariño. Nos conocemos tanto que ya sabemos las mañas de cada uno: yo soy dispersa, Jajo es mañosa y el Benja es enojón", ríe Fran en la mesa compartida. Y no hay tele pero se siente parecido a estar en su casa, y ahora son varios más que tres.
"Hemos aprendido a entablar diálogos para comunicarnos, a darnos espacio. Ya no somos tan disfuncionales, estamos más enfocados, rigurosos y compartimos la misma meta", agrega Jajo como un hemisferio cerebral profesional al que Sergio reacciona aún cotidiano. "Vicho cocina unas lentejas increíbles. Fran y yo nos encargamos de las ensaladas. Ya somos todos adultos. Se nos da bien la instancia del orden, el respeto y la división de tareas".

Inundaremos es también una banda que le da importancia a practicar la convivencia. El respeto de no andar moviendo pedales en pleno show, el entender qué es elemental y qué es adorno, la interacción entre ellos. "Detalles de los que no éramos tan conscientes y que nos definen en cómo nos percibe el público. En el escenario a veces nos ponemos un poco tensos, nos comunicamos de forma muy no verbal y se nota", aseguran, pero se refugian sabiendo que están en el camino de aprender. En medio de ese proceso de entender que es en serio, que el método ha dado frutos, que la gente se queda hasta el final de una tocata de hartas bandas para verles, que ahora van solo por ellos. Que hay que subir el estándar.
¿Que si le dirían algo a los Inundaremos de la casa de Fran que mataban tardes entre galletas y Los Simpson? Nada que cambiara el curso de la historia. "Paciencia. Tendemos a compararnos con otros. Hay que usar esa energía para alimentar nuestro propio trabajo y disfrutar", dice Sergio. "Todos nosotros estamos muy ligados a la música o estudiamos música. Hay que disfrutar cada paso. Desde los ensayos precarios hasta ahora que contamos con mejores materiales para escucharnos. Si nosotros no lo pasamos bien, transmitimos esa inseguridad y se percibe. Paciencia y disfrutar", agregan Jajo y Fran.
Han aprendido la disciplina de la constancia, la responsabilidad de los horarios, el orden. Levantarse más temprano para alcanzar a desayunar tranquilos y controlar el malhumor del hambre, del metro lleno. Cultivar el lado humano. “No tiene gracia llegar a ensayar, ponerse a tocar y no hablar de la vida. No hay que saltarse lo humano en el desenfreno", agrega Fran.

También aprenden de burocracias y oportunidades. "Hay que tener claras las motivaciones, aconsejaría postular a proyectos de gestión cultural y marketing musical. Leer bases de fondos, ser patudo, tocar puertas y preguntar. Nosotros grabamos el primer disco con el computador que teníamos y una interfaz sencilla. No hay que privarse de hacer música por no tener los mejores instrumentos o una sala mensual; en las limitaciones está la belleza. Graben con lo que tengan a mano que algo bonito va a salir", bien aconseja Sergio Arciego.
Llegar bien comidos y dateados al ensayo te lleva a otros lugares, en palabras de Vicente. "Si solo tocas las mismas canciones en vivo cada fin de semana, te quedas en el mismo lugar. El ensayo te permite jugar con pedales, buscar tu sonido". Su tocayo concluye con el ruedo actual de Inundaremos: “el ensayo te permite buscar. Formar una identidad, personal y sonora, que es lo que hemos logrado nosotros”.
Cuatro años más tarde, dos álbumes lanzados y una gira andando, mientras van ensayando y definiendo más que un setlist. Practican, en grupo y como clan, cómo suenan y cómo se tratan. "Lo previo en casa de la Fran cimentó las bases de nuestra convivencia. La dinámica que nos permitía ir a comprar para hacer el almuerzo juntos. Acá es distinto. Tenemos la regla de no cocinar, pero mantenemos una dinámica comunitaria y familiar".