The Melancholy Band

The Melancholy Band

por Juan Desordenado

En esta historia no hay secuestros de avión, cruentos asesinatos ni tampoco se cuentan los primeros pasos de una leyenda del pop. No hay adicciones de drogas, tragedias, ni grandes manifiestos políticos. Sí que hay, y a raudales, grandes (grandísimas) canciones y un legado invisible que comenzaría a florecer tras décadas de haberse terminado el proyecto, reflejado en bandas gigantes que alcanzaron masividad como MGMT, o en toda la camada de Captured Tracks que conquistó el paladar alternativo una década atrás, como Mac DeMarco, Beach Fossils y Wild Nothing. Hoy te contamos la historia de la banda que conectó los puntos entre Factory y Sarah Records a través de su sonido melancólico, The Wake.

The Wake fue formado en Glasgow, Escocia, en 1981, por Gerard “Caesar” McInulty, un tímido cantante y guitarrista con un pasado en Altered Images; la tecladista y cantante Carolyn Allen; su hermano, el baterista Steven Allen; y Joe Donnelly al bajo, quien tras un breve paso por la banda, sería reemplazado por un primerizo Bobby Gillespie, años antes de hacer su mejor imitación de Moe Tucker aporreando los toms para los catárticos The Jesus and Mary Chain en su primera encarnación, y una vida antes de formar Primal Scream.

El cuarteto debuta en enero del año siguiente con el single “On Our Honeymoon”, autoeditado bajo el nombre de Scan Records, que les situó enseguida en la órbita de Factory Records, el sello estrella del underground inglés, y de Rob Gretton, mánager de Joy Division y New Order, quien les ficha para Factory Benelux, la subsidiaria belga, algo así como la segunda división del sello.

Por allí sacan su primer álbum, Harmony, en octubre de ese mismo año, una colección de canciones algo derivativas que, sin embargo, dejaban entrever el brillante olfato melódico que no tardaría en aflorar. Canciones como “Testament” mostraban la desaliñada potencia característica del sonido post punk imperante, así como recordaban “el sonido de la joven Escocia” de Postcard Records.

Giran durante 1983 junto a New Order provocando las odiosas comparaciones desfavorables que les penarían durante toda su carrera, y honestamente cuesta sacudirse de la cabeza las similitudes entre ambas bandas: un sonido tribal y melódico a la vez, su formación de tres chicos-una chica a los teclados y un frontman poco convencional, desafinado y limitado vocalmente.

 

 

Tras un segundo single, “Something Outside”, con portada de El Lissitzsky, donde coqueteaban fuertemente con el dub, Gillespie abandona el proyecto para entrar al grupo de los hermanos Reid, siendo reemplazado brevemente por Alex MacPherson. Con esa alineación graban su primera Peel Session y en abril de 1984 editan el sencillo “Talk About the Past”, con los aportes del incombustible Vini Reilly de The Durutti Column al piano, y aunque es cierto que la canción suena como una versión más musculosa y anfetamínica de “Thieves Like Us” de New Order, también lo es que la puntería melódica de The Wake no era algo a subestimar, logrando su primera gran canción y primer hit en los charts indie de la época.

Su evolución continuaría con “Of the Matter”, sencillo aparecido en octubre de 1985, que sirvió como antesala para su segundo álbum, editado al mes siguiente. Here Comes Everybody es, de principio a fin, el momento más dulce y brillante de The Wake. Si bien aún quedaban resquicios de oscuridad (“Torn Calendar”), y ecos del dub (la canción titular), el álbum les encuentra más cerca del jangle pop y del corazón melancólico que les terminaría por definir tan bien. Igualmente, comenzaban a desarrollar líricas más poéticas, algo que queda patente en el nombre del disco, sacado de una frase que se repite cual mantra en Finnegan’s Wake, aquel delirante canto del cisne del escritor irlandés James Joyce, publicado apenas dos años antes de la muerte de su autor.

Canciones como “O Pamela” o “World of Her Own” (con una armónica bizarra que funciona de maravillas) se convertirían en clásicos de su repertorio pero el corazón del álbum es, sin dudas, “Melancholy Man”, lo más parecido a un manifiesto en su obra, siete minutos de ensoñación sin un segundo desperdiciado, un cobijo de ternura y seguramente su canción más hermosa.

El EP de 1987, Something That No One Else Could Bring, fue lo último que hicieron con Factory Records, y les encuentra algo desfasados con los tiempos de advenimiento de las raves y el sonido madchester que forjaban bandas como Happy Mondays, pero sería un craso error pasarlo por alto, ya que es uno de los puntos cumbre de su carrera, con canciones como la hermosa “Gruesome Castle”, de sonido expansivo, y la adictiva “Pale Spectre”, el mejor hit que jamás escribieron y, en un mundo justo, un número uno seguro. Aunque por supuesto que nada de eso pasó.

Desilusionados con una Factory que no albergaba grandes esperanzas en ellos, deciden terminar su contrato y fichar por Sarah Records, mítico sello bristoliano que por aquella época daba sus primeros pasos. Con ellos editan el sencillo “Crush the Flowers”, en 1989, otra maravilla pop con una tamboura que traía recuerdos de la era psicodélica de The Beatles.

La década siguiente trajo consigo el sencillo “Major John” de 1991, otro gran single que pasó sin pena ni gloria. Su lado B, "Lousy Pop Group", era una mofa donde Caesar tiraba dardos envenenados a la estéril realeza del pop: "Odio a Eric Clapton, odio a Elton John, odio a aquel tipo de Dire Straits, y la lista sigue". Debajo del cinismo y el humor negro se encontraba una banda absolutamente desencantada de todo, fuera de tiempo y lugar e invisibles en la ola del momento.

 

Here Comes Everybody (1985)

 

Make It Loud y Tidal Wave of Hype, de 1990 y 1994 respectivamente, fueron álbumes donde intentaron actualizar su sonido, añadiendo elementos más dance a una fórmula que contenía más agua que pulpa a esas alturas, aunque siempre lograban colar genialidades como la pegadiza “Britain”.

Durante esos años, ya reducidos a trío, terminaron compartiendo integrantes con The Orchids, con quienes compartieron cartel en los pocos shows que dieron. Steven Allen deja el proyecto en 1993 y, cuando Sarah Records cierra sus puertas en 1995, The Wake ponía punto final a su historia.

McInulty y Carolyn Allen siguieron relacionados, con Caesar escribiendo guiones de obras teatrales experimentales en las que Allen actuaba. En 2005 el dúo volvió bajo el nombre The Occasional Keepers. Cada cierto tiempo una pizca de reconocimiento caía, ya sea a través del dudoso honor de ser versionados por aquel insoportable proyecto de muzak Nouvelle Vague, que sepultó su "O Pamela" para uno de sus compilados hechos para cafeterías de especialidad, o la anteriormente mencionada "Melancholy Man", que apareció en la recopilación Late Night Tales, curada por el grupo estadounidense MGMT.

En 2009, Caesar y Carolyn deciden reformar The Wake, se presentan en vivo con Ronnie Borland y Chris Quinn de The Orchids, como bajista y baterista invitados. A Light Far Out sería el álbum que marcaría su regreso en toda regla en 2012, vía LTM Records, contundente muestra de que no decayó su puntería. Le seguirían múltiples reediciones, entre ellas algunas realizadas por Captured Tracks, uno de los sellos insignia de la década pasada, con reversiones de sus canciones a cargo de bandas como Beach Fossils y Wild Nothing.

Perpetuamente a la sombra de New Order y su revolución sónica, forjaron su carrera en base a grandes canciones y a un estilo clásico que prioriza las grandes melodías por sobre la innovación tecnológica o un sonido futurista, y simbolizaron como muy pocas el espíritu melancólico, atmosférico y profundamente pop del indie de guitarras del Reino Unido previo a la explosión del madchester, el shoegaze y el britpop. Su estela silenciosa y melancólica es el camino por el que transita buena parte del indie de las últimas décadas, que al fin le ha hecho justicia a su admirable búsqueda de la canción perfecta.

Regresar al blog