por Juan Desordenado
Walter Pérez es vocalista, guitarrista y compositor de la banda de indie rock Silabario, formada en 2011. En el año 2018 lanzan el LP Lo malo va a pasar, posicionando al grupo como referentes del género a nivel local por sus canciones de carácter cotidiano, íntimo y político, y a través de presentaciones en vivo cargadas de energía y emotividad. Este 2026, publicaron su segundo álbum Pienso en ti como un lugar, a través de Sello Fisura, donde exploran un sonido cargado al rock alternativo de los noventa, con letras que retratan la necesidad de refugio y contención. En este Itinerarios de Escucha hablamos con Walter de una de las máximas instituciones del indie rock, un ejemplo de honestidad, resistencia y longevidad. Hablamos de la banda oriunda de Hoboken, New Jersey, Yo La Tengo, quienes a través de múltiples trabajos han ido desafiando el concepto de lo que significa ser una banda de rock.
—Walter, ¿cómo llegaste a Yo La Tengo?
—Fue cuando me empecé a meter en el rollo indie, para la época en la que vinieron al Festival Maquinaria (2010), cuando estaban sacando el Popular Songs. Yo no los cachaba, no tenía el conocimiento de que eran íconos del indie. Como estaban sacando ese disco en ese momento y venían a Chile dije, ah, voy a cachar qué onda. Y me metí por ese lado. Iba al Maquinaria por Queens of the Stone Age y Pixies, que también tocaban. Quise conocer un poco de todo, entonces preparé el show. Escuché el Popular Songs y un par de discos más, y bacán, porque era como muy diferente a estas otras bandas de cinco hueones, más estructuradas. Yo La Tengo eran como mucho más desarmados, los solos de guitarra no eran solos de guitarra, su idea de banda era mucho menos estructurada. Eso me pegó harto; la hueá rara.
—¿Te atraparon de una o te costaron?
—Los solos me costaban, mi lado melódico decía, uy, qué raro esto. Lo que hacían estaba muy lejos de lo que podía ser un solo, tenían esa cosa media tonal. Después entré. Pero mi primer acercamiento no fue pensar que era novedoso o bacán, sino que me chocó.
—Tienen ese lado árido a veces, un sonido desafiante, a ratos con sus embestidas de ruido…
—Sí, y a ratos es muy dulce, muy pop. Cantando más piolita, cantando canciones de amor.
—¿Con qué canción te enamoraste de ellos?
—“Stockholm Syndrome”. Porque tiene esas dos cosas, tiene este lado que es muy pop, toda la canción, hasta que entra el solo y la rompe. El solo rompe toda la canción.
—Es verdad, es disruptivo…
—Sí, heavy. Ahí están los dos lados de la cuestión, muy dulce, muy pop, y hasta una letra muy pop, también. Si no fuera por el nombre de la canción, no pensarías que es una canción que oculta algo más oscuro, porque es una canción de amor. Es una canción como modelo de Yo La Tengo.
—Y extrañamente la canta James McNew, que no es el vocalista principal…
—Claro.
—¿Qué cosas de Yo La Tengo inspiran más directamente tu trabajo con Silabario?
—Mi acercamiento a Yo La Tengo tiene que ver más con las canciones, lo que producen, o la estructuración de un disco. Eso es lo que más me inspira de ellos. Creo que el hecho de estar haciendo música de una forma muy valiente; no esperar reconocimiento por la música que estoy haciendo. Al principio mi acercamiento fue muy musical y todo, obviamente. Dices, este disco es increíble, pero después cuando te sigues metiendo, ves cómo es la historia de la banda, que hicieron cinco discos antes de que tuvieran cualquier tipo de fama o reconocimiento.
—Es un elemento romántico... Indudablemente.
—Sí, su amor musical se traduce en sus discos, y siento que eso es algo que a nosotros igual nos pasa con Silabario. Somos muy nerds musicales; del amor que sentimos por lo que hacemos y por lo que escuchamos, queremos hacer nuestra propia versión. Producir un disco que tenga ese feeling, eso me gusta. Me gusta también que siento que es una banda que tampoco se toma tan en serio. Que son buenos para el hueveo.

—Sí, hay mucho humor, y eso los hace cercanos, ¿no?
—Sí, es una banda que me encantaría que viniera a tomar once a mi casa [risas]. Y también te aterriza en tu enfoque de hacer música; si haces un disco no es lo más importante del mundo, y tampoco lo menos, ¿cachai? Siento que habla mucho de hacer discos, del oficio mismo.
Me acuerdo que la otra vez escuché un podcast donde cuentan cómo grabaron el I Can Hear the Heart Beating As One (1997): fueron al estudio, volvieron con las cintas y les cargó. Tuvieron un freak out en el auto cuando venían de vuelta. Pararon en una bencinera, agarraron un teléfono para llamar al productor y le dijeron, uy, esta hueá nos quedó como el pico. Tenemos que cambiarlo. Y el productor les dijo, bueno, tranqui. Denle un poco más de tiempo, escúchenlo y de ahí hablamos. Después lo escucharon y bien, les gustó y todo. Esto representa mucho las luchas internas que tienes cuando estás haciendo arte. Las dudas.
—Algo que siempre me ha gustado es que es una banda muy fan de otras bandas: The Velvet Underground, The Feelies, Television… Hay una especie de columna vertebral que les une con una sonoridad, una forma de hacer canciones. ¿Sientes esa familiaridad con alguna banda o corriente en particular?
—Sí, yo creo que con la Velvet, de sus temas pegados, mucho ruido, una nota. Hasta la voz de Georgia me suena medio a Nico, como susurrada…
—Ambigua.
—Sí, la Velvet siempre fue una influencia importante, porque podían hacer una canción con uno o dos acordes y era lo que yo hacía en ese tiempo. Dos acordes, una melodía y una letra, medio collage. Nunca hice canciones completas, iba grabando en el computador como una partecita, y después otra, y después un coro, por eso nuestras primeras canciones son así. Por ejemplo en “Bob Dylan es mi copiloto”, todas las partes tienen un segundo de pausa porque solo son extractos de ideas.
—Unos Frankenstein…
—Sí, y no fue sino hasta más viejo que empecé a hacer canciones completas en guitarra. Pero “Fotográfica” o “Bob Dylan es mi copiloto” son todas collage de distintas partes.
—¿Cuál es tu disco favorito de ellos y por qué?
—Creo que I Can Hear The Heart Beating As One, porque tiene este rollo de que es un disco muy grande y de muchos estilos, de mucho arrojo. Ahora quizás se entiende que las bandas pueden darse ese lujo de hacer discos más grandes, pero es un disco de rock alternativo de esa época que se siente muy actual. Tiene harta psicodelia, tiene hueás pesadísimas, tiene baladas pop hermosas. Está muy en la tecla del hagamos lo que queramos; hay mucha libertad detrás del disco.
De cierta forma, yo quería que Lo malo va a pasar tuviera esta variedad estilística, más que por el lado de las texturas de guitarra, que es algo que no manejaba en ese momento, ni ahora tampoco [risas]. Pero eso me marcó, que fuera como un parque de diversiones, pasando por muchas emociones. El estilo de Yo La Tengo es que son todos los estilos.
—Al ser Yo La Tengo una banda tan importante en sus vidas, ¿puede esta manera de hacer música tan impredecible volverse un lugar común?, ¿le hacen el quite a veces?
—Sí, claro, hay que saber cómo abordarlo. Tienen estos momentos tan específicos que debes estar muy consciente. Hay veces en las que dices esto es muy Yo La Tengo y está todo bien, pero a veces hay que alejarse un poco.
En este disco que hicimos recién siento que jugamos mucho con la idea de este indie clásico, jugar con referencias como Galaxie 500. Fue como, ya, filo, démosle. Juguemos con nuestras referencias nomás. La misma letra de “Nosotros contra ellos” tiene la frase “Puedo sentir el latido de tu corazón en mi corazón”. Eso es algo que hacemos harto con la banda, somos hueones nerds que aman estos discos y buscamos resignificar la influencia que estas bandas han generado en nosotros.
De hecho, en Rate Your Music nos hicieron una reseña de “Nosotros contra ellos” en la que hicieron pico la canción. Dice que la canción toma todos los clichés del indie de guitarras, Yo La Tengo, Built To Spill, y es solo una cita, ni más ni menos. Onda, la hueá mala [risas].

—¿Sientes que hayan proyectos que estén un poco encarnando esa búsqueda, tomando la posta de Yo La Tengo?
—No tanto actualmente, pero quizá sí en las generaciones anteriores. Por ejemplo, el otro día leía el libro del Gepinto de Gepe y allí este loco hablaba de que amaba el Painful (1993), y ahí me daba cuenta de que efectivamente había una influencia importante, en los sintes, y en esas partes más psicodélicas, más pegadas.
—Cierto, recuerdo que Javiera Mena también hablaba de ellos… ¿Qué sensación tienes respecto a la edad? Esta banda sigue rockeando, girando por el mundo y tienen la edad de nuestros padres, ¿qué piensas de tu devenir?
—A mí me inspira caleta, creo que el estar más viejo me hace valorar más a Yo La Tengo. Estos viejos no tienen hijos, le dedicaron su vida a esto y me hace sentir que está bien poder seguir haciendo música, porque creo que el tema de la edad siempre está ahí.
—Claro, el rock es el culto de la juventud…
—Y también siento que pasa lo mismo con eso de que si hay una banda que está haciendo su décimo disco como que ya no importa, ¿cachai? Es como, tus primeros dos discos van a ser los más importantes...
—Ellos, al igual que Pulp, desafiaron totalmente esa concepción. Painful, que fue el primero en alcanzar notoriedad, era su sexto disco, algo impensado…
—Sí, eso creo que es lo que más valoro ahora de Yo la tengo, el sentir que puedes seguir haciendo música igual. Porque obvio que pesa este rollo de cuánto tiempo más lo puedes seguir haciendo, o cuánto tiempo puede que le importe a alguien, o no. Parte importante de su rollo es seguir siendo una banda que toca harto; uno de sus poderes es lo bueno que son en vivo. Eso es lo que principalmente me inspira de ellos; entre más viejos más los valoro. Me dan ganas de hacer música, da lo mismo si se pesca más o menos. Lo más importante de ellos es eso, el estilo de vida que tienen.
—Una linda definición de indie, el indie del que uno se enamora. Una manera inclaudicable de vivir.
—Claro. No esperar nada de la cuestión. Pero es tu vida y cuando estás tocando no hay nada más lindo que eso.
—¿Qué canción de ellos tienes ahora en tu playlist, pegada a tu cabeza?
—“Ohm”, creo que puede ser. Temazo. Me gusta el rollo político de la canción como de que los malos ganan, pero tranqui, igual va a estar todo bien. Siento que evita el cliché. Además que en vivo es increíble.